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Esta pieza es un ejercicio de respuestas ante las preguntas sobre la identidad, desde nuestra manera de observar el contexto que nos pertenece. Es una respuesta desafiante para los constantes que han inaugurado nuestro exotismo colombiano y latinoamericano. Hemos recogido algunas ideas sobre las que generalmente se nos asocia (el fútbol, el secuestro, la ambigüedad del conflicto armado, el narcotráfico y nuestra incansable voluntad de trabajar) para construir un entramado oscilante, polivalente y si se quiere absurdo que trata de posicionarnos políticamente con nuestra propia voz. No hacemos reivindicaciones ni representamos narrativamente nuestra suerte. Distorsionamos estos contenidos para desarrollar una respuesta ante nosotros mismos y ante los que nos quieren observar desde estas perspectivas. La identidad es un compromiso pero posee diversas facturas que en nuestro caso se desarrollan como rabia, como denuncia y como grito. Facturas que filtramos como imagines, a través de un espejo deformado que se desenvuelven hacia nosotros con horror, humor y convicción.

Utilizamos la figura simbólica de la papaya ( una de las tantas versiones semiológicas de la idiosincrasia colombiana) para desconocer su acepción principal: no dar oportunidad y aprovechar cualquier oportunidad, Para responder que la vida es más que una cadena de oportunismos y en ultimas, para decirle a la autoridad histórica de los hábitos, de la mentalidad nacional y extranjera que nosotros no repetimos esa malentendida malicia ni esos estigmas. Para decirle a esa autoridad ¡papa ya no quiero ser papaya!

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